Tuesday, January 10, 2006

Una mañana cualquiera



La cafetera me llamaba a gritos, ansiosa, aunque yo apenas podía oirla desde la ducha.

Con el cuerpo mojado y chorreando jabón, salté del baño y esquivé las zapatillas que había abandonado en mitad del pasillo la noche anterior. Me di prisa pero llegué tarde. Mi mejor amigo mañanero se había librado ya de su prisión de hojalata y, desafiante, se regozijaba a borbotones entre los fogones de mi cocina, impregnando la estancia con su maravilloso aroma.

Acababa de retirar la cafetera del fuego cuando me sobresaltó la estridente melodía de mi móvil. Chillaba desde algún punto del salón, oculto a mi vista, al otro lado del piso. Todavía chorreando, terminé de empapar la moqueta mientras rebuscaba entre los cojines del sofá. Cuando lo encontré había enmudecido.

Miré la lista de llamadas. Era ella, seguramente para ver si comíamos juntos. No esperé y le devolví el toque. Tenía la esperanza de que, tal vez, ella también estuviera desnuda al otro lado del teléfono.

2 Comments:

Blogger espía extranjero said...

Pues sí, estaba desnuda. Pero sólo porque estaba a punto de llegar el fontanero. Ay...

9:57 AM

 
Blogger TIOGILITO said...

Claro, FOREING SPY, con lo caros que son los fontaneros, o los recibes en pelotas... o te la clavan

8:19 AM

 

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