Wednesday, September 28, 2005

Esos 'clubs'

Llamémoslo hipocresía, pero lo cierto es que todos hemos estado dentro de alguno de esos clubs y ninguno lo reconocemos.

Está claro. Si lo haces, estás perdido. Nadie vuelve a mirarte con la misma cara y tu reputación cae por los suelos. ¡Cómo si hubieras matado a alguien!

Y es que resulta peor que un asesinato. Tu imagen de chico joven y agradable, que sabe divertirse y que tiene recursos, se desploma. Yo lo tengo claro y nunca lo digo, ni aunque me lo pregunten abiertamente. Y es que... ¡qué mal vistos están los boy scouts en el siglo XXI!

Monday, September 26, 2005

'Chupópteros' de mi corazón



Siempre han existido los chupópteros. El problema es que sólo los reconocemos cuando es nuestro cuello al que se aferran.

Pueden tener varias formas, como los vampiros o los condones, pero todos comparten la misma misión: chuparte la sangre.

Los hay con cara de amigos de toda la vida, de chicas adorables o, simplemente, con forma de espejo. Pero ¡ojo! sus colmillos son siempre culpables.

Friday, September 16, 2005

La chica que me robó la sonrisa


Mientras se quitaba el pelo de la cara, me miró fijamente y me dijo que ya no podía más. Yo la entendía, pero no quería hacerlo. Sabía positivamente que tenía razón. Sabía que no se podía arreglar. Pero no quería darme cuenta. Traté de razonar. Imposible. Traté de buscar hilos a los que agarrarme. Ninguno. Traté de que se pusiera en mi lugar. Vacío. Entonces se lo dije.

Su primera reacción fue extraña. Nunca habría imaginado que alguien pudiera reaccionar de forma tan fria ante algo así. Casi ni me miraba. Pensé que estaba en otra parte, lejos. Vi reflexión y censura en su gesto. Pero ni una palabra.

Supliqué un grito, una bofetada. ¡Algo! No hubo nada de eso. Ni siquiera un adiós, un que te jodan. Siguió su camino calle arriba y no se giró. Ni siquiera para verme por última vez. Sólo me quedó de ella el papel que me acababa de dar, frío y sin buen fario.

La odié con toda mi alma, con todo mi cuerpo. Me puse a gritar en mitad de la calle, pero ni se inmutó. Sólo al final, al reflejo de un escaparate vi una mueca socarrona en su rostro. La muy p... se estaba riendo de mí. De mí, y de mi multa.

Thursday, September 15, 2005

El día que me enamoré de mí mismo


Siempre he odiado a la gente que escribe blogs. Me repugnan. Yo lo estoy haciendo ahora pero, ¿no es obligatorio ser un poco más que narcisita para pensar que tienes algo que compartir con los demás?

Leo blogs de esos en los que el artista -léase autor- aconseja a sus amigos cómo pasar por la vida, cómo solucionar sus alegrías o cómo hacer perdurar sus problemas. PUAJ!!!! Más me valdría seguir leyendo etiquetas de champú cuando estoy en el retrete.

Lo bonito de los blogs, tal y como yo los entiendo -¿veis como se pega esto del narcisismo? ya estoy aconsejando al personal-, debería ser no tener normas. No deberse a reglas. Compartir experiencias es... Basta ¿a quién pretendo engañar? Si estoy escribiendo un blog es porque, como todos los demás, estoy enamorado de mí mismo.

No sé muy bien cuándo pasó. No sé si he sido así desde siempre. Pero es un hecho. La verdad es que soy un bombón -eso dicen mi madre y mi abuela- y tampoco pasa nada por quererme un poco -¡No estoy hablando de masturbación!-, pero esto del narcisismo intelectual me preocupa más que el físico.

Quiero decir, ¿soy una especie en extinción o todos nos vemos a nosotros mismos como seres superiores? ¿Es mi ombligo más bonito que el de los demás y por eso el mundo gira a su alrededor o hay millones de mundos que giran alrededor de otros tantos millones de ombligos? ¿Por qué Mafalda era tan ñoña y, sin embargo, se creía con derecho a ironizar sobre la vida de los demás?